Los siete
saberes de la Educación.
1. Las
cegueras del conocimiento: el error y la ilusión.
Es muy reciente el hecho de que la educación, que es la que
tiende a comunicar los conocimientos, permanezca ciega ante lo que es el
conocimiento humano, sus disposiciones, sus imperfecciones, sus dificultades,
sus tendencias tanto al error como a la ilusión, y no se preocupe en absoluto
por hacer conocer lo que es conocer.
Es necesario introducir y desarrollar en la educación el
estudio de las características cerebrales, mentales y culturales del
conocimiento humano, de sus procesos y modalidades, de las disposiciones tanto
psíquicas como culturales que permiten arriesgar el error o la ilusión.
2. Los
principios de un conocimiento pertinente.
Existe un problema capital, aún desconocido: la necesidad de
promover un conocimiento capaz de abordar problemas globales y fundamentales
para inscribir allí conocimientos
parciales y locales.
La supremacía de un conocimiento fragmentado según las
disciplinas impide, a menudo operar el vínculo entre las partes y las
totalidades y, debe dar paso a un modo de conocimiento capaz de aprehender los
objetos en sus contextos, sus complejidades y sus conjuntos.
Es necesario desarrollar la aptitud natural de la
inteligencia humana para ubicar todas sus informaciones en un contexto y en un
conjunto. Es necesario enseñar los métodos que permiten aprehender las
relaciones mutuas y las influencias recíprocas entre las partes y el todo en un
mundo complejo.
3. Enseñar la condición humana.
El ser humano es a la vez físico, biológico, psíquico,
cultural, social e histórico. Es esta unidad compleja de la naturaleza humana
la que está completamente desintegrada en la educación a través de las
disciplinas y que imposibilita aprender lo que significa ser “humano”. Hay que
restaurarla de tal manera que cada uno desde donde esté tome conocimiento y
conciencia al mismo tiempo de su identidad compleja y de su identidad común a
todos los demás humanos.
4. Enseñar la identidad terrenal.
En lo sucesivo, el destino planetario del género humano será
otra realidad fundamental ignorada por la educación. El conocimiento de los
desarrollos de la era planetaria que van a incrementarse en el siglo XXI, y el
reconocimiento de la identidad terrenal que será cada vez más indispensable
para cada uno y para todos, debe convertirse en uno de los mayores objetos de
la educación.
Es pertinente enseñar la historia de la era planetaria que
comienza con la comunicación de todos los continentes en el siglo XVI y mostrar
cómo se volvieron intersolidarias todas las partes del mundo sin por ello
ocultar las opresiones y dominaciones que han asolado a la humanidad y que aún
no han desaparecido.
5. Enfrentar las incertidumbres
Las ciencias nos han hecho adquirir muchas certezas, pero de
la misma manera nos han revelado, en el siglo XX, innumerables campos de
incertidumbre. La educación debería comprender la enseñanza de las
incertidumbres que han aparecido en las ciencias físicas (microfísica,
termodinámica, cosmología), en las ciencias de la evolución biológica y en las
ciencias históricas.
Se tendrían que enseñar principios de estrategia que
permitan afrontar los riesgos, lo inesperado, lo incierto, y modificar su
desarrollo en virtud de las informaciones adquiridas en el camino. Es necesario
aprender a navegar en un océano de incertidumbres a través de archipiélagos de
certeza.
6. Enseñar la comprensión.
La comprensión es al mismo tiempo medio y fin de la
comunicación humana. Ahora bien, la educación para la comprensión está ausente
de nuestras enseñanzas. El planeta necesita comprensiones mutuas en todos los
sentidos. Teniendo en cuenta la importancia de la educación para la comprensión
en todos los niveles educativos y en todas las edades, el desarrollo de la
comprensión necesita una reforma de las mentalidades. Tal debe ser la tarea
para la educación del futuro.
La comprensión mutua entre humanos, tanto próximos como
extraños es en adelante vital para que las relaciones humanas salgan de su
estado bárbaro de incomprensión.
7. La
ética del género humano.
La educación debe conducir a una «antropo-ética»,
considerando el carácter ternario de la condición humana, que es el de
individuo <-> sociedad <-> especie. En este sentido, la ética
individuo/especie necesita un control mutuo de la sociedad por el individuo y
del individuo por la sociedad, es decir la democracia; la ética individuo
<-> especie convoca a la ciudadanía terrestre en el siglo XXI.
La ética no se podría enseñar con lecciones de moral. Ella
debe formarse en las mentes a partir de la conciencia de que el humano es al
mismo tiempo individuo, parte de una sociedad, parte de una especie. Llevamos
en cada uno de nosotros esta triple realidad. De igual manera, todo desarrollo
verdaderamente humano debe comprender el desarrollo conjunto de las autonomías
individuales, de las participaciones comunitarias y la conciencia de pertenecer
a la especie humana.
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